sábado, 21 de enero de 2012

- Creo que puedes ser lo suficientemente estúpido como para no querer afrontar que importas a alguien. Te cierras en banda por miedo a que te hieran y pretendes ser un capullo para que dejen de sentir que les eres importante. Atacas antes de que los demás te vean débil. No sé cuál es tu visión de ti mismo, pero debe ser devastadora. Dudo que seas capaz de salir de tu tristeza porque en ella crees que eres tú quien manda, cuando en realidad ella te domina a ti. Estás acostumbrado a ella, te has sentido tanto tiempo roto como para sentirla parte de tu piel.
- ¿Y?
- Alcanzar la felicidad no es nada a lo que debas temer. Es difícil, ya lo sé. Ella sube cada vez más peldaños y tú debes seguirla, con fuerza y rapidez. No te pierdas, no te rindas. No creas que es imposible. Cuando menos te lo esperes, cuando te hayas acostumbrado a su velocidad.. Verás que no era nada utópico. Que lo merecías como cualquier otro.

domingo, 15 de enero de 2012

- El tiempo es espeso y apenas corre entre mis dedos. No sonrío, no me sale hacerlo, no sé ser yo. A veces tengo ganas de llorar y no salen lágrimas.. Se queda esa sensación del nudo en la garganta y el nerviosismo en el estómago, la impaciencia porque todo termine. Creo que no tengo nada que me merezca la pena..- se sentía atada a un mundo que no le gustaba o no sabía disfrutar.

Aquella mañana, como cada día de su vida, no había hecho nada. Despertó esperando que llegase ya la noche, y con ella, un sueño eterno. Pero siempre despertaba, y cada mañana era la misma; café, tostadas, sofá y silencio. A veces se le aparecía un atisbo de esperanza que por la tarde moría en forma de silencio. No tenía nada, no tenía a nadie, no entendía qué era vivir.

viernes, 13 de enero de 2012

Nos rendimos. Damos punto y a parte a cosas que se pueden solucionar. No somos conscientes de que caminos hay muchos, que las opciones son incontables. Pero no sabemos perseverar, no sabemos avanzar a lo caído. No sabemos luchar, no nos queremos esforzar.

sábado, 7 de enero de 2012

Hay un instante en el que, estando con esa persona, pararías el tiempo. Puede que cuando ambos os sonreís, o cuando vuestras manos se rozan, cuando las miradas se cruzan y no hace falta mucho más que el silencio. Entonces todo sería perpetuamente perfecto.
Aún así, reflexionas. ¿Qué es lo que quiero? Quizá prefiero que acabe, volver a encontrar esta sensación en otra persona, en otro paisaje, en otro momento. O quizá prefiero dejar que el tiempo siga su curso y descubrir qué más queda tras esta paz.
Y llega un momento en el que, sin saber cómo, cuándo o por qué, toda aquella sensación de bienestar que en un momento te llenó y te volvió cielo, se queda en nada, cenizas, polvo y recuerdos.