martes, 31 de agosto de 2010
Ágora
No sabía por qué, pero un día el cielo se volvió techo. Lo notaba tan próximo a mí, enganchado a mi cabeza, asfixiándome, aplastándome, no me dejaba mirar hacia adelante, no me dejaba vivir. No sabía cuándo o por qué el cielo se volvió en mi contra, se hizo de teja y cemento y no me dejo escrutarlo desde sus adentros. Y no sé por qué, un día el cielo se volvió de nuevo aire y viento, y nubes y cielo, y me dejó volver a descubrir que la teja y cemento eran nuevos edificios, o viejos que no había descubierto, me dejó ver lo que me había perdido durante tanto tiempo. Y se lo agradezco eternamente.
lunes, 30 de agosto de 2010
Me gusta..
Me gusta la gente. Me gustan los que observan, los que son observados y no hacen nada, los que son observados y se hacen notar con una mirada picante o con unos gestos de enfurecimiento; me gustan quienes con sus comentarios creen que son más inteligentes, y quienes con sus comentarios creen que son más fuertes y al contrario son más bobos y débiles; me gustan quienes alardean de tanto que tienen y no tienen tanto; me gustan quienes menos tienen y lo tienen todo, quienes lo dan todo y no tienen tanto; me gustan quienes se creen graciosos y hacen gracia por no serlo; me gustan quienes son graciosos sin pensarlo;...
Me he llevado tiempo de observación darme cuenta de que me gusta la gente. Siempre había pensado que el ser humano era odioso, un crápula sin sentimiento, aquél que no se preocupa más que por los demás cuando le ocurre algo a sí mismo. Por eso empecé a interesarme en ellos. Supongo que... Comencé a mirar las cosas con más sentido del humor.
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