martes, 31 de agosto de 2010
Ágora
No sabía por qué, pero un día el cielo se volvió techo. Lo notaba tan próximo a mí, enganchado a mi cabeza, asfixiándome, aplastándome, no me dejaba mirar hacia adelante, no me dejaba vivir. No sabía cuándo o por qué el cielo se volvió en mi contra, se hizo de teja y cemento y no me dejo escrutarlo desde sus adentros. Y no sé por qué, un día el cielo se volvió de nuevo aire y viento, y nubes y cielo, y me dejó volver a descubrir que la teja y cemento eran nuevos edificios, o viejos que no había descubierto, me dejó ver lo que me había perdido durante tanto tiempo. Y se lo agradezco eternamente.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario