viernes, 4 de diciembre de 2009

Viento

Hace unos días descubrí ese, para algunos, agradable viento apoteósico. Era frío, no llegaba a congelar, y arrastraba las hojas muertas del arbolado. Lo noté chocando contra los cristales de la parada del autobus e incitaba a empujarnos, a movernos, a llevarnos a cualquier lugar casi libremente.. Pero somos esclavos de nuestras obligaciones, pensamientos, nuestros pies, y no podemos ir donde sentimos querer hacerlo.

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