lunes, 10 de mayo de 2010

70

Creo en mi cuerpo como si fuera un dibujo, un muñeco de vudú, en el cual en la parte del tronco han incorporado un cuadrado lleno de fuego y acero, y al lado del corazón hay una redonda de aire. Es así como me siento. Digamos que... Es como siento mi ansiedad. Es como la materializo. Una caja de cartón plena en acero candente, y una caja de cristal de viento. Ninguna de las dos está conectada, son distintos sentimientos pero los dos significan lo mismo. Los dos son mi dolor. Mío e intransferible.
A veces siento como esa caja de cartón crea raíces que se conectan con las venas de mi cuerpo, o es que esas venas ya están conectadas a la caja de cartón y se llenan de acero y me hacen sentir el calor, y cada vez que parpadeo me siento violenta pero al mismo tiempo no puedo hacer nada más que respirar y mirar a un punto fijo. Me siento tan mal, tan dolida que creo que las venas explotarán y harán de mí un monstruo… Otras veces siento que la caja de cristal va a romperse de tanto viento que alberga. Es un vendaval violento que llega a deformar su jaula de cristal. A veces incluso crea tubos anchos hasta la garganta, pero nada más, no llega hasta la boca, no deja que se vaya. Es una puñetera que se queda dentro de mí y no se deja huir.

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