No siento odio. No siento dolor, no siento rabia. No siento nada que pudiera calificarse como negativo. Simplemente.. Simplemente siento placer. Placer al poder escuchar una canción y que me vengan a la cabeza buenos momentos, abrazos, besos, risas, y simplemente sonreír. Placer al poder ver cualquier tontería, recordarlo, recordar el sentimiento de calor y sonreír. Placer al descubrir que he olvidado aquel dolor que me hacía sentir como si me hubieran arrancado el corazón, me lo hubieran pisoteado y tirado a la basura.
Descubrir que mi día a día no me hace arder, no me pesa ni me evoca al llanto. Eso ya ha terminado.
Vivo pensando en lo bien que estuve, en lo bien que estoy y en todo el tiempo que me queda para reír, llorar, sufrir y amar.
Que todo pasa, que todo duele, que no hay nada permanente.
Que se olvida, que se perdona, que se continúa.
Que me he vuelto más fuerte.
Que no me volverá a doler.

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