miércoles, 6 de enero de 2010
Despertar
La ausencia de luz siempre va bien para el dolor de cabeza. Una habitación casi insonorizada repleta de objetos inútiles y una botella de agua fresca por pura necesidad. Despertar envuelta en un edredón de colores vivos pero apagados por el tiempo. Alzar la mirada al techo y desechar el tiempo en nada. Y después de nada, esperar a cerrar los ojos y que todo, todo pase poco a poco entre sueño y sueño y viento helado callejero.
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